Día 233 – Canicas

¡Volvemos!

Ocultando las líneas de mi mano.
Ocultando las líneas de mi mano.

Tras unas vacaciones demasiado cortas, volvemos. A los cielos encapotados, a los paseos en bici, a las visitas al alféizar donde mi gato duerme, a las meriendas de clotted cream*, a las hojas pulidas del bonsái, a las ramas del árbol de la ribera del Avón donde reposan los cormoranes, al país donde nació P.G. Wodehouse.

Y también a los mismos problemas que tenía antes de tomarme esta semana libre. Pero esos son de los que nunca desaparecen por mucho que corras. Tampoco ayuda que yo corra poco.

No me he traído muchas cosas: un trozo de turrón y muchas fotos.

Tiro dos canicas. Voy a dejarlas en el río como agradecimiento por cómo me ha acogido. Sueño con que se las traga un pez, que lo pesca un pescador, al que se lo roba un cormorán, que vuela sobre el Atlántico y las caga. Y pillan una corriente y nadan libres.

*Nata muy espesa, de densidad similar al betún y que se usa para cubrir bollitos con los que amenizar el té de la merienda.

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